Qué encontrarás en este artículo sobre la diferencia entre el posicionamiento del hotel y el posicionamiento percibido por el mercado:
- Por qué el posicionamiento del hotel no coincide automáticamente con la percepción del mercado
- Dónde nace la brecha entre el relato del hotel y la percepción del mercado
- Cómo saber si el mercado no percibe correctamente el hotel
- Qué ocurre con demanda, precio y credibilidad cuando el posicionamiento percibido es incorrecto
- Cómo realinear posicionamiento del hotel, percepción del mercado y promesa real
El posicionamiento del hotel no depende solo de cómo te presentas, porque lo que realmente importa es cómo te percibe el mercado.
Este es el punto de partida adecuado si quieres trabajar de forma seria sobre el branding hotelero: posicionamiento, promesa y concepto para diferenciar un hotel, porque un hotel no ocupa una posición en la mente del cliente por lo que declara, sino por la forma en que es interpretado, comparado y recordado.
Muchos hoteleros piensan que el posicionamiento coincide con las fórmulas promocionales y los mensajes utilizados en los distintos canales de comunicación, o con una serie de promesas a menudo vagas sintetizadas en pocas líneas.
En realidad, el mercado construye su propia idea del hotel reuniendo señales mucho más concretas: imágenes, rango de precios, reseñas, atmósfera percibida, estilo de la oferta, canales en los que el establecimiento se comercializa, tono de la comunicación, calidad de la experiencia, coherencia entre lo que promete y lo que parece realmente capaz de mantener, por citar solo algunos aspectos.
El problema nace precisamente del hecho de que el hotel puede presentarse de una determinada manera, pero el mercado puede interpretarlo de forma diferente.
Y cuando esto ocurre no se crea solo una dificultad de comunicación, porque se debilita la relación entre demanda, precio y reconocimiento.
En otras palabras, el establecimiento acaba siendo colocado por el mercado en una categoría mental distinta de la que quería ocupar.
Este artículo sirve para leer con más lucidez la brecha entre el posicionamiento que el hotel intenta construir y el que el mercado termina percibiendo.
No se trata de una reflexión teórica sobre branding, sino de una guía práctica para entender dónde nace la desalineación entre el posicionamiento declarado por el hotel y el posicionamiento percibido por el mercado, cómo reconocerlo y desde qué palancas empezar para realinear la oferta, el mensaje y la demanda potencial.
Por qué el posicionamiento del hotel no coincide automáticamente con la percepción del mercado
El primer equívoco que hay que aclarar es simple pero decisivo: el posicionamiento del hotel no es un acto unilateral.
El hotel puede, por supuesto, decidir la mejor forma de presentarse, pero no puede decidir por sí solo cómo será percibido. Puede orientar la percepción del mercado, puede intentar influir en ella, puede hacerla más legible y coherente, pero no puede imponerla.
Esta diferencia es el punto de partida de muchos problemas de posicionamiento que los hoteleros no interpretan inmediatamente como tales.
La propiedad define una dirección, construye un mensaje, selecciona algunas palabras clave y espera que los clientes potenciales lo lean todo de la misma manera.
Sin embargo, el cliente no conoce la estrategia interna del hotel y se limita a leer las señales, compararlas con las alternativas y traducirlas en una síntesis muy rápida que conserva en su mente.
Por eso el posicionamiento declarado por el hotel y el percibido por la demanda potencial casi nunca coinciden de forma automática.
Entre ambos siempre existe una distancia que hay que gestionar. Algunos hoteles la gestionan bien, otros la sufren. Y cuando esto ocurre, descubren que el mercado los coloca en una posición menos fuerte, menos distintiva y a menudo con menos margen del que habían imaginado.
El posicionamiento del hotel existe realmente solo cuando la percepción del mercado lo confirma.
Posicionamiento declarado y posicionamiento percibido no son lo mismo
El posicionamiento declarado por el hotel nace de una elección interna que tiene que ver con el tipo de cliente que quiere atraer, el beneficio que quiere hacer reconocible para sus clientes, la diferencia que quiere hacer reconocible y el lenguaje con el que decide contar todos estos aspectos.
Como es fácil entender, el posicionamiento es una construcción estratégica y, sin este paso, el hotel sigue siendo genérico y poco legible.
El posicionamiento percibido, en cambio, es una síntesis externa, que puede entenderse como la lectura que el mercado construye reuniendo una serie de indicios, pruebas e impresiones.
El cliente no se detiene a preguntarse cuál es la estrategia del establecimiento, porque simplemente decide, a menudo sin darse cuenta, si ese hotel le parece creíble, coherente, deseable, comparable o confuso.
Recorre este proceso mental en tiempos rapidísimos y, casi siempre, sin entrar en el detalle de las intenciones de quien comunica.
Aquí se encuentra una diferencia fundamental, porque el posicionamiento declarado puede ser correcto sobre el papel, pero si las señales que recibe el mercado no lo confirman, el resultado real será otro.
Por esta razón, el trabajo realizado sobre el posicionamiento de marca hotelera: cómo definir un mensaje claro y distintivo es indispensable, pero no basta por sí solo, porque el mensaje sirve para orientar la percepción, no para sustituirla.
El mercado lee los hoteles de forma más concreta de lo que muchos creen
Muchos hoteles sobrevaloran el peso de las palabras utilizadas y subestiman el de las señales. Piensan, de hecho, que basta con presentarse como establecimientos cuidados, auténticos, experienciales, premium, family o especializados para que el mercado empiece a leerlos efectivamente de esa manera.
En realidad, el cliente interpreta el hotel de una forma mucho más concreta, observando sobre todo el precio, que lo coloca inmediatamente en una determinada categoría mental.
Después mira las fotografías y se hace una idea del nivel real del establecimiento, lee las reseñas y busca coherencia o incoherencia entre promesa y resultado. Pero no termina ahí, porque también nota si la web está alineada con la experiencia prometida o si parece solo un escaparate formal.
Incluso los canales en los que el hotel se comercializa contribuyen a la percepción general del cliente, porque un establecimiento que aspira a ser leído en una determinada dirección pero se presenta en todas partes de la misma manera corre el riesgo de perder claridad perceptiva.
Por este motivo, el posicionamiento percibido casi siempre es más “material” de lo que el hotel imagina. El mercado no razona como razona el consultor, el propietario o el director, porque lo único que busca es coherencia y legibilidad. y el la leggibilità.
Si quieres transformar una dirección estratégica todavía demasiado teórica en un posicionamiento más legible en el mercado, mis proyectos de marketing estratégico hotelero te ayudan a alinear target, propuesta, competencia y diferenciación de una forma más concreta.
Percibir también significa simplificar
Hay además un aspecto que los hoteles suelen descuidar: el mercado simplifica. Incluso cuando la oferta es rica en matices, el cliente tiende a reducirlo todo a pocas categorías mentales.
Puede ver un hotel cómodo, un hotel elegante, un hotel para familias, un establecimiento genérico, un lugar cuidado pero caro, un hotel al que no le falta nada pero que no tiene identidad. O bien una experiencia interesante pero poco clara.
Esta simplificación es inevitable, porque el cliente compara muchas opciones, dedica inevitablemente poco tiempo al análisis y utiliza atajos cognitivos que le sirven para decidir rápidamente.
En este sentido, la importancia del posicionamiento no tiene que ver tanto con el detalle técnico del proyecto, sino con la capacidad del hotel para hacer legible su diferencia sin dejar demasiado espacio a interpretaciones equivocadas.
Por eso no basta con saber cómo quieres ser percibido: debes preguntarte qué síntesis está haciendo realmente el mercado sobre ti.
Dónde nace la brecha entre el relato del hotel y la percepción del mercado
La brecha entre relato y percepción casi nunca nace de un solo error. Más a menudo depende de una suma de señales incoherentes, demasiado débiles o demasiado genéricas. El hotel intenta presentarse en una dirección, pero lo que el cliente lee en los puntos de contacto sugiere otra cosa.
Esta distancia es mucho más común de lo que parece. Hay hoteles que se presentan como distintivos pero parecen intercambiables, otros que se declaran de gama alta pero transmiten una percepción demasiado ordinaria.
Luego hay establecimientos que apuestan por autenticidad, experiencia o especialización, pero no ofrecen suficientes elementos para hacerlas percibir con claridad. En todos estos casos, el mercado recibe una promesa y la reformula de otra manera.
La brecha, por tanto, nace cuando comunicación, producto, precio, experiencia y prueba social no hablan el mismo idioma.
El mercado no percibe el hotel solo a partir de una frase de la web, sino del conjunto coherente o incoherente de sus señales.
El desalineamiento entre mensaje, oferta y precio
El primer punto en el que nace la brecha es la relación entre mensaje, oferta y precio. Un hotel puede presentarse, sin duda, como cuidado, selectivo, distintivo o experiencial, pero si la oferta no hace creíble esa promesa, el mercado no la reconoce.
Lo mismo ocurre cuando el precio comunica un posicionamiento en una determinada franja de calidad, pero el producto o la experiencia lo desmienten.
Un caso frecuente es el del hotel que intenta posicionarse demasiado alto. Utiliza un lenguaje propio de un establecimiento premium, pero después ofrece habitaciones y servicios que no hacen percibir la misma intensidad de valor.
También ocurre lo contrario: el hotel puede tener cualidades interesantes, pero las comunica de una forma tan plana o genérica que los clientes potenciales lo perciben como una solución estándar. En ambos casos, el mercado no lee el posicionamiento deseado.
Este tema se conecta muy bien con el análisis que desarrollo en el artículo sobre la propuesta de valor del hotel: cómo aclararla sin slogans vacíos, porque cuando esta es débil o confusa aumenta el riesgo de que el cliente rellene por sí solo los vacíos interpretativos reduciendo la percepción de diferencia.
Los touchpoints que realmente desplazan la percepción
Un segundo punto en el que nace la brecha tiene que ver con los touchpoints reales. Las fotos, el booking engine, los portales, las reseñas, los textos, el tono de voz, las respuestas a los clientes, el orden de la navegación, la calidad de los detalles visuales y la coherencia entre habitaciones y zonas comunes son todos elementos que contribuyen a hacer entender al mercado quién es el hotel.
Un hotel puede querer ser percibido como distintivo, pero si las imágenes que utiliza en la web se parecen a las de decenas de otros establecimientos, el mercado no percibirá ninguna diferencia.
Puede querer ser percibido como cuidado y profesional, pero si los contenidos son genéricos y el tono es poco preciso, la percepción resultante será menos fuerte.
Puede incluso querer ser percibido como experiencial, pero si el relato se limita a enumerar los servicios ofrecidos, el mercado se quedará en una lectura funcional y no emocional.
Las reseñas tienen además un peso enorme en este contexto, porque son una forma de verificación externa de la promesa.
Si el hotel dice una cosa y el cliente cuenta otra, el mercado tiende a confiar más en este último. Por eso la percepción no debe leerse como una cuestión de imagen, sino como el resultado de una prueba continua.
La promesa de marca se debilita cuando no encuentra confirmación
Existe un tercer nivel de discrepancia que aparece cuando el mercado no percibe el hotel en la dirección deseada, con la consecuencia de que también se debilita la promesa implícita del establecimiento.
En este caso, el hotel piensa que está transmitiendo una determinada experiencia, pero el mercado no la considera lo bastante creíble, lo bastante clara o lo bastante específica.
Sobre este punto conviene conectar el razonamiento desarrollado en el artículo sobre la promesa de marca del hotel: qué es y por qué influye en reputación, precio y coherencia.
Una promesa funciona como elemento de atracción solo si se reconoce, se comprende y se confirma plenamente. Si, en cambio, sigue siendo una formulación interna no sostenida por las señales reales que llegan a la demanda potencial, no solo no refuerza el posicionamiento del hotel, sino que lo expone.
Si tienes la impresión de que tu hotel comunica una dirección que el mercado todavía no lee correctamente, una estrategia de comunicación bien construida puede ayudarte a realinear contenidos, tono y puntos de contacto.
Cómo saber si el mercado no percibe correctamente el hotel
Muchos hoteleros sienten que algo no encaja en la percepción que el mercado tiene del hotel, pero les cuesta dar un nombre preciso al problema.
Ven que el hotel no es elegido por el cliente que realmente querrían atraer, se dan cuenta de que el precio encuentra resistencias más fuertes de lo previsto o notan que el tipo de demanda captada no es coherente con la dirección estratégica tomada por el establecimiento.
A menudo, sin embargo, interpretan estas señales como problemas separados, cuando en realidad pueden ser el efecto conjunto del mismo desajuste: el mercado no percibe el hotel de la forma correcta.
Para entender si este es realmente el problema, es importante aprender a cambiar de perspectiva. Hay que dejar de observar el hotel solo desde dentro y empezar a leerlo como lo leería un cliente.
No basta con preguntarse qué se quería comunicar, sino qué se está haciendo entender realmente. La discrepancia se vuelve visible cuando comparas el posicionamiento deseado, la demanda atraída, la calidad de las solicitudes, la percepción del precio y la lectura que emerge en los distintos touchpoints.
Si el mercado lleva hacia tu hotel a clientes equivocados o no reconoce el valor que crees ofrecer, el problema puede estar en el posicionamiento percibido.
Las señales que emergen de la demanda, las solicitudes y el precio
Uno de los primeros indicios del desalineamiento entre posicionamiento deseado y percepción real del mercado es la calidad de la demanda.
Si el hotel querría atraer a un determinado tipo de cliente pero capta solicitudes muy diferentes, más promocionales, más vagas o, en cualquier caso, menos coherentes, es probable que el mercado lo esté interpretando de una forma distinta.
Lo mismo ocurre cuando llegan muchas solicitudes de clientes potenciales que insisten en aspectos secundarios respecto al núcleo de la promesa que el hotel querría sostener.
Otra señal llega del precio. Si el establecimiento considera que tiene una determinada calidad o una cierta diferencia competitiva, pero el mercado reacciona como si el precio fuera demasiado alto respecto a lo que percibe, el problema puede ser simplemente que la percepción todavía no sostiene ese nivel. En estos casos, el hotel no se interpreta como coherente con la categoría que querría ocupar.
También la comparación competitiva dice mucho, porque si el mercado te compara sistemáticamente con hoteles que no pertenecen a la categoría mental en la que querrías estar situado, significa que tu lectura percibida es diferente de la deseada.
Esto ocurre a menudo cuando el posicionamiento de mercado declarado por el hotel es más ambicioso o más especializado de lo que el mercado consigue reconocer realmente.
Las señales que emergen de las reseñas, el lenguaje y el tono de los clientes
Hay además señales todavía más interesantes, porque emergen de la forma en que los clientes hablan del hotel. Las reseñas, los comentarios, las preguntas recurrentes, e incluso los elogios y las críticas más frecuentes, ayudan a entender cómo se percibe efectivamente el hotel.
Si los clientes insisten en aspectos muy funcionales mientras el hotel intenta comunicar una experiencia distintiva, significa que la percepción es más baja o más genérica de lo que se desearía.
Cuando, en cambio, los clientes elogian con especial énfasis elementos de la oferta que el hotel considera marginales e ignoran aquellos que consideraba centrales, estamos sin duda ante otra señal clara de desajuste.
Del mismo modo, si las reseñas de los huéspedes del hotel muestran decepción sobre aspectos que el establecimiento había enfatizado demasiado, la promesa percibida probablemente era más amplia o más intensa de lo que la experiencia real podía sostener.
En esta fase, también resulta útil releer mi artículo sobre cómo definir el target del hotel: por qué no puedes hablar a todo el mundo, ya que a menudo el mercado no percibe correctamente el hotel precisamente cuando el establecimiento intenta hablar de forma demasiado amplia, inclusiva o poco selectiva.
La comparación más útil es entre cómo quieres ser leído y cómo eres leído realmente
La forma más concreta de entender si hay un problema de percepción no es preguntarte genéricamente si la comunicación del hotel funciona, sino comparar de forma rigurosa la imagen que el establecimiento quiere transmitir con la que el mercado parece haber construido.
Si hay mucha distancia entre estas dos visiones, el problema no debe tratarse como un simple tema de copy o de promoción, sino como una cuestión de posicionamiento percibido.
Significa, en esencia, que el mercado te está colocando en un lugar distinto del que querías ocupar. Cuando esto ocurre, suele ser útil realizar un trabajo de verificación externa más sistemático.
En muchos casos, el servicio de Mystery Guest Hotel es muy eficaz precisamente porque ayuda a leer el establecimiento desde el punto de vista de la coherencia entre promesa, percepción y experiencia real, poniendo en evidencia aquello que desde dentro a menudo se tiende a normalizar.
Qué ocurre con demanda, precio y credibilidad cuando el posicionamiento percibido es incorrecto
Cuando el mercado no percibe correctamente el hotel, el problema no queda limitado a la esfera de la imagen, sino que produce efectos muy concretos en el plano económico y financiero, porque cambia la calidad de la demanda, altera la lectura del precio, reduce la capacidad de reconocimiento y debilita la credibilidad global del establecimiento.
Muchos hoteles subestiman este paso porque piensan que, al fin y al cabo, lo importante es “estar” y dejarse encontrar. En realidad, no todas las percepciones traen el mismo tipo de cliente, y no todas sostienen de la misma manera el precio y la rentabilidad.
Un posicionamiento del hotel mal leído por el mercado no es solo menos elegante, sino sobre todo menos rentable.
Si el mercado interpreta el hotel como más genérico, más débil o más confuso de lo que querrías, el hotel entra inevitablemente en un contexto competitivo más duro, más saturado y más sensible a la comparación. A partir de ahí se vuelve más difícil defender el valor de la oferta y el precio.
Cuando el posicionamiento percibido del hotel es incorrecto, el mercado compara peor el hotel, lo elige con menos frecuencia por las razones adecuadas y muestra una menor disposición al gasto.
La demanda se ensucia y se vuelve menos coherente
El primer efecto del error en la percepción del posicionamiento del hotel afecta a la calidad de la demanda.
Un establecimiento percibido de forma poco coherente atrae a menudo solicitudes menos alineadas, más heterogéneas y más difíciles de convertir.
No porque la demanda desaparezca, sino porque llega con criterios de elección distintos de los que el hotel querría sostener.
Esto significa que el establecimiento puede seguir recibiendo cierto interés del mercado, pero por parte de segmentos menos compatibles, más sensibles al precio o más inciertos sobre la verdadera naturaleza de la experiencia propuesta.
En la práctica, el mercado puede seguir llevando tráfico hacia el hotel, pero no necesariamente formado por el tipo de cliente deseado, con el consiguiente debilitamiento de la tasa de conversión, del nivel de satisfacción y de la fidelización a medio y largo plazo.
El problema al que se enfrenta el hotel no es, por tanto, solo cuantitativo, sino también cualitativo. Una percepción débil o ambigua atrae una demanda menos selectiva, más dispersa y a menudo también más frágil.
Las tarifas del hotel quedan más expuestas a la comparación directa
El segundo efecto afecta a las tarifas. Cuando el posicionamiento percibido no es lo bastante fuerte, al mercado le cuesta leer la razón por la que debería aceptar un precio más alto, o en cualquier caso más coherente con la promesa del hotel.
En ese punto, el precio no se interpreta como expresión del valor, sino como un número que comparar con alternativas.
Aquí el daño es doble, porque por un lado el establecimiento tiene dificultades para sostener el nivel tarifario deseado, mientras que por otro es empujado hacia un juego competitivo en el que las diferencias se leen menos y la comparación pesa más.
En este espacio competitivo más limitado, la capacidad de proteger la tarifa baja y, al mismo tiempo, la presión comercial tiende a crecer.
Si este desalineamiento entre percepción, estándares y operativa también afecta a la forma en que el hotel mantiene la promesa en el día a día, una consultoría de gestión y organización hotelera puede ayudarte a reconstruir la coherencia entre lo que comunicas y lo que la experiencia hace realmente sostenible.
La credibilidad del hotel se debilita progresivamente
Hay además un tercer efecto, menos inmediato pero muy importante: la pérdida progresiva de credibilidad del establecimiento.
Si el mercado interpreta el posicionamiento de un hotel de una forma distinta a como el establecimiento intenta presentarse, la narración empieza a perder fuerza, porque las palabras se vuelven menos creíbles, el mensaje parece más débil y la promesa más aspiracional que real.
Esto no significa que el mercado “no crea” al hotel de forma explícita, sino que no le atribuye plenamente el nivel de diferencia, calidad o especificidad que el establecimiento querría ver reconocido.
Esto no significa que el mercado “no crea” al hotel de forma explícita, sino que no le atribuye plenamente el nivel de diferencia, calidad o especificidad que el establecimiento querría ver reconocido.
El resultado final es que el hotel deja de parecer una elección nítida y empieza a percibirse como una opción entre muchas, con la consecuencia de que su valor se reduce progresivamente.
Cómo realinear posicionamiento del hotel, percepción del mercado y promesa real
Si el mercado no percibe correctamente el hotel, la solución no es simplemente “comunicar mejor” en el sentido más superficial del término.
Antes que nada, hay que entender dónde se ha roto la alineación. Solo después tiene sentido intervenir sobre la definición de la oferta, del precio, de los touchpoints, de las prioridades operativas y sobre la construcción de un mensaje coherente.
Realinear posicionamiento, percepción y promesa de marca no significa inventar un relato más brillante, sino reconstruir la coherencia efectiva entre lo que el hotel quiere representar, lo que el mercado consigue leer y la promesa que el establecimiento es realmente capaz de mantener en el tiempo.
El núcleo de la cuestión no es hacer que el hotel parezca diferente de lo que es, sino hacer que se vuelva más coherente en la dirección deseada.
Este trabajo requiere método, porque a menudo el problema no consiste simplemente en actuar sobre una sola palanca, sino en entender si la ambigüedad perceptiva del hotel nace del target, la propuesta de valor, el tono de la comunicación, el nivel tarifario, los canales, las imágenes, la prueba social o la experiencia real. En la mayoría de los casos, nace de una combinación de estos elementos.
Realinear el posicionamiento del hotel significa hacer que mercado, mensaje, oferta y experiencia hablen en la misma dirección.
Volver a partir de lo que el mercado lee realmente
El primer paso útil no es reescribir la web ni cambiar el payoff, sino observar con atención cómo interpreta hoy el mercado el hotel.
Esto significa mirar con más frialdad reseñas, imágenes, percepción del precio, tipo de solicitudes recibidas, competidores con los que el hotel se compara, elementos que los clientes notan realmente y partes del relato que, en cambio, quedan invisibles.
Solo después de esta lectura conviene preguntarse si el problema es un exceso de ambición, de genericidad, de incoherencia o de debilidad expresiva.
En algunos casos, el hotel está prometiendo demasiado respecto a lo que consigue hacer legible, mientras que en otros tiene elementos interesantes que, sin embargo, comunica de una forma tan poco focalizada que acaban desapareciendo dentro de la normalidad competitiva.
Para profundizar en este tema, resulta útil leer el artículo sobre branding para hoteles: por qué la marca no es solo imagen, sino una herramienta de negocio, sino una herramienta de negocio, ya que la marca no sirve solo para decorar el relato, sino para hacer que la posición del hotel en el mercado sea más clara, reconocible y defendible.
Corregir el mensaje solo después de haber corregido la coherencia
El segundo paso necesario es entender si el establecimiento posee realmente los elementos necesarios para sostener el posicionamiento que desea alcanzar o mantener.
Si no los tiene, la solución no es empujar con más fuerza el relato, sino realinearlo con la realidad o, mejor aún, trabajar para que la realidad se vuelva más coherente con la dirección estratégica elegida.
En la práctica, el mensaje debe corregirse solo después de haber verificado el nivel de coherencia entre oferta, experiencia, precio y prueba social.
Si el hotel promete demasiado, hay que redimensionar. Si, en cambio, la promesa está alineada con la realidad y se trata de un error de interpretación, debe trabajar para aclarar. Cuando, por el contrario, tiene cualidades interesantes pero no consigue hacerlas visibles, debe darles una forma más fuerte y más legible.
Aquí entran directamente en juego también los servicios y las competencias del equipo. A veces el problema no es la marca en sentido estricto, sino la capacidad de la organización para sostener en el día a día la dirección prometida.
En estos casos, mis cursos de formación para hoteles y alojamientos turísticos pueden ayudar a transformar una promesa todavía demasiado teórica en comportamientos, estándares y procesos más coherentes por parte del equipo.
Reconstruir una percepción más fuerte exige selección, no sobrecarga
Hay un último punto que merece la pena abordar. Un hotel no realinea la percepción del mercado añadiendo más palabras, más promesas y más beneficios a su relato, porque casi siempre lo consigue por sustracción y precisión.
Debe seleccionar mejor cuáles son los elementos que quiere hacer percibir con más claridad, dejando de perseguir demasiadas direcciones y reforzando las señales que hacen que la diferencia sea realmente coherente.
Esto significa también aceptar que no es posible controlar todo lo que el mercado piensa del hotel, pero sí se puede aprender a reducir mucho la distancia entre cómo te presentas y cómo eres percibido.
Y la reducción de esta distancia es un objetivo fundamental, porque produce un impacto real sobre la consistencia y la calidad de la demanda, sobre el precio y sobre la fuerza competitiva.
En definitiva, el posicionamiento del hotel no se mide por lo elegante que es su relato, sino por la capacidad del mercado para reconocerlo, interpretarlo y considerarlo creíble.
Si esto no ocurre, el hotel no ocupa realmente la posición que creía tener, mientras que cuando la percepción, la promesa y las señales se realinean, el establecimiento se vuelve más legible, más defendible y mucho menos dependiente de una competición jugada solo por precio.
© Federico Belloni (todos los derechos reservados)